





























Nada parece satisfacer a Meursault, el protagonista de "El extranjero": nada lo altera, nada lo conmueve. Desde el célebre comienzo -"Hoy a muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé..."- se lo ve como alguien apático, sin ambiciones, cayendo permanentemente hacia el abismo de lo incierto. Vela a su madre con la misma indiferencia con que la acompañaba en vida. Acepta que una bella muchacha, con la que congenia y hasta se divierte, quiera casarse con él sólo para darle el gusto. Rechaza una oportunidad de ascender en su trabajo. Hombre de pocos amigos, de tapar el aburrimiento con rutinas cotidianas, ni si quiera sale de su letargo cuando ocurre algo fuera de lo habitual o extraordinario, como su también célebre enfrentamiento con el árabe en la playa. Luego, cuando le preguntan por qué lo mató, responde: "A causa del sol... un reflejo me ha encandilado". Que no lo dejen fumar en la cárcel parece afectarlo más.
Una sensación de sinsentido se desprende de todos sus movimientos, pero, a medida que lo vamos conociendo, el personaje se nos vuelve dolorosamente familia. Hay en él un compromiso férreo con sus sentimientos; bajo ningún concepto trata de disimularlos ni de acomodarlos a lo que pueda pedirle la realidad. Meursault adelanta la sensación de absurdo que ahoga a los disconformes de su generación y de las siguientes: ese no estar de acuerdo pero tener que aceptar.
El escritor franco-argelino Albert Camus, ganador del Premio Nóbel de Literatura en 1957 y considerado máximo representante del existencialismo "ateo", publicó esta, su primera novela, en 1942.
"El extranjero trata acerca de la angustia existencial, del no pertenecer y del sentirse un outsider en una sociedad cuya moral social se impone sobre la del individuo.
Las páginas de Bodas y El verano, reunidas aquí y confundidas en la especie de gloria meridiana...
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