





























Cuando la vida pende de un hilo, el tejido sirve de lazo.
Las telas, ya sean para proteger o para exhibir, de estilo informal o lujoso, unen en todas las culturas el presente con el pasado, al individuo con el grupo y al hombre con la religión. También diferencian lo masculino de lo femenino y acompañan en cada etapa de la vida, desde las mantillas hasta la mortaja.
Pequeñas fotografías, colocadas unas junto a otras, descubren primero una silueta, luego un rostro, una expresión y, casi al mismo tiempo, un detalle del vestuario, su acabado, su color, sus motivos y la joya que lo acompaña. Los montajes «hablan» de hombres y mujeres, y de su relación con la tela que los envuelve.
En efecto, algunas de estas composiciones fotográficas asocian claramente el vestido o el traje con el tejido del que está hecho.
Otras muestran las similitudes de los motivos, enfatizan los colores o simplemente revelan las técnicas de su confección. En cualquier caso, todas ellas ponen al descubierto la riqueza de los materiales, la intemporalidad y la permanencia de las fuentes de inspiración, las analogías gráficas y la universidalidad de las técnicas utilizadas.